Los medicamentos biológicos y termosensibles se conservan refrigerados entre 2 y 8 °C, protegidos de la luz y sin congelar, con monitoreo continuo de temperatura. Ante una excursión (desviación fuera del rango), el producto debe aislarse, documentarse y evaluarse antes de usarse. El transporte debe ser validado, con contenedores y refrigerantes acondicionados.
Los biológicos termosensibles —anticuerpos monoclonales, inmunoterapias, insulinas y vacunas— son moléculas complejas que se degradan con el calor o la congelación. Fuera del rango 2–8 °C pierden eficacia de forma irreversible, aun sin cambio visible. Cada producto define su rango en la etiqueta: por ejemplo, la albúmina humana se conserva a temperatura ambiente controlada, no en red fría. Por eso la cadena de frío, cuando aplica, debe ser continua y documentada.
Una excursión de temperatura no siempre inutiliza el producto, pero nunca debe ignorarse. El procedimiento correcto es aislar el lote afectado, registrar el tiempo y la temperatura de la desviación y evaluar contra la información del fabricante antes de decidir. La trazabilidad de esa evidencia es lo que permite liberar o retirar el producto con criterio.
Entre 2 y 8 °C, refrigerados y sin congelar, protegidos de la luz y con monitoreo continuo de temperatura.
El producto debe aislarse y documentarse la excursión (tiempo y temperatura) para evaluar si conserva su eficacia antes de usarlo; una desviación puede comprometerlo de forma irreversible.
No, salvo indicación expresa del fabricante. La congelación suele dañar de forma irreversible a los biológicos termosensibles.